CHAMANISMO ESCEPTICO


jueves, 24 de febrero de 2011

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Publicado por tomahawk en 10:34 No hay comentarios:
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ECUACIONES PERFECTAS Y CAMINAR POR LA EXPERIENCIA

Una ecuación no deja de ser una comparativa entre dos situaciones, matemáticas en este caso, en la que se pretende por parte del actuante la resolución de un conflicto dado, o dicho de otro modo, lo que se pretende es el equilibrio de las dos partes hasta igualarlas o equilibrarlas en un sentido, si la ecuación no tiene resolución aparente, generalmente por estar mal planteada, se dice que está des balanceada, que arroja un residuo.

Las ecuaciones que me gustaría describir en esta ocasión no pertenecen en principio al ámbito matemático, si bien si pertenecerían a unas matemáticas abstractas que invaden todos los aspectos de la realidad, la vida y el universo en definitiva.

Los grandes matemáticos, llegan a una comprensión tal de esta ciencia que son capaces de matematizar todos los sucesos que aprecian, desde la apertura de una flor hasta el amor, aunque más bien pienso que más bien son incapaces de ver el mundo de otro modo que no sea el matemático. A los jugadores de ajedrez les pasa algo parecido, ven el universo sobre el tablero e interpretan de esta manera también todas las circunstancias de sus vidas. Este tipo de comprensión matemática es a la que intento referir como “abstracta”.

Usando este tipo de comprensión abstracta de las matemáticas es como somos capaces de calcular la fuerza exacta para lanzar una bola de papel y que ésta entre de lleno en una papelera. ¿Se imaginan tener que usar una calculadora cada vez que surgiera la necesidad de desplazar un objeto? Así mismo usamos la comprensión abstracta de las matemáticas en el transcurso de una negociación, manejamos las variables de las constantes ofertas y contra ofertas, el continuo ajuste de los márgenes dentro de la misma e incluso las actitudes personales, posturas o gestos. Todo lo anterior podría ser llevado a una ecuación matemática pura, pero no por cualquiera, haría falta un equipo de matemáticos que supieran traducir numéricamente todas las variables de la situación narrada, en las que habría que incluir desde un supuesto dolor ocasional de estómago de uno de los negociadores hasta la derrota del equipo de futbol del otro participante ya que son éstas circunstancias que podrían afectar en un grado considerable el ánimo de ambos y por lo tanto el transcurrir de la negociación.

Como vemos las ecuaciones pueden ir complicándose indefinidamente con sucesos en apariencia simples, por ejemplo, la anterior situación llevaría aparejada una ecuación mucho más compleja que la calculada para poner un satélite de comunicaciones en órbita o para mantener a la Estación Espacial Internacional en su rumbo orbital exacto.

De esta manera podemos comprender como absolutamente todas las cosas o sucesos pueden llegar a expresarse en un sistema matemático de ecuaciones, desde un átomo hasta una galaxia, un beso o la historia de una civilización.

Si profundizamos en la idea de la ecuación abstracta para intentar describir o comprender los sucesos que continuamente observamos a nuestro alrededor podemos alcanzar un estado de mente analítica y despersonalizada que permite el análisis objetivo e imparcial de cualquier acción, y no intento convencer a nadie que explore todas las posibilidades y factores de una situación, simplemente intentemos ver los sucesos de un modo diferente.

El encuentro entre dos personas, entre dos mentes, es realmente una interacción entre dos universos, es un momentáneo acoplamiento de dos realidades diferentes, muy diferentes. En un principio puede parecer que las dos personas se encuentran en una misma calle, pero si nos paramos a considerar esta cuestión veremos que sus escenarios son completamente diferentes. Uno de ellos caminaba de este a oeste con una perspectiva visual completamente diferente al otro, además éste llevaba el sol de frente, lo que le causaba molestias oculares y le obligaba a ir mirando el suelo, el otro sin embargo caminaba de oeste a este, lo que le permitió disfrutar de un atardecer apacible y mirar los escaparates y los árboles. Vemos pues como en una aparente misma situación obtenemos una cantidad de variables a tener en cuenta…dos personas se encuentran en una misma calle, el mismo lugar, el mismo momento, uno de ellos camina por una calle infernal, totalmente cegado por el sol, asustado por el ruido de vehículos que no puede ver y el otro camina por un paraíso urbano. Estas dos ecuaciones-mentes tendrían un difícil equilibrio en su interacción si no fuera porque la mente humana es mucho más compleja y dispone de un amplio recurso “matemático”… Se da la interacción: Hola! ¿Qué buen partido el del domingo eh?... Pues sí, a ver si lo repetimos…hasta pronto… adiós.

Las dos realidades encajaron, sus mentes buscaron una situación común, una ecuación aparentemente equilibrada entre ambos, la plantearon y la resolvieron con éxito y cada uno continuó caminando por su universo particular. En este caso podríamos estar ante una ecuación perfecta, pero para que se de ésta, los dos individuos deberían de haber procesado en el transcurso de la interacción toda la energía cualificada o codificada en ellos mismos, es decir, todos los pensamientos asociados a estas dos personas deberían haber sido expuestos, operados y solucionados… ¿Cómo?

En la interacción entre dos mentes-realidades se pueden observar a simple vista una serie de condiciones que por lo general son bien resueltas por ambos, son las actitudes externas que van desde el modo de vestir hasta los gestos, las palabras amables o las normas sociales en general (o comerciales), pero hay una ancha banda que por pertenecer a la aparente intimidad del sujeto quedan en la mayoría de las ocasiones ocultas tras la fachada de la interacción externa. Son aquellos pensamientos, juicios, resentimientos e interpretaciones que cada uno de los sujetos tendrá asociados a la otra persona y que pertenecen a un sector de la mente llamado subconsciente, aunque de muchos de ellos son totalmente conscientes pero colocados en una cómoda situación de “carpeta de asuntos pendientes” que le dan al sujeto una confirmación y arraigo de su propia personalidad o ego-alterado.

Pues bien, la ecuación perfecta se hubiera dado si los dos individuos descritos en la interacción hubiesen repasado y solucionado todos los llamados “juicios” contra la otra persona, y éstos juicios pueden ser tan sutiles… desde una pequeña envidia por el coche o el puesto de trabajo del otro, hasta un recuerdo de una pelea infantil a la edad de once años… todos estos asuntos inconclusos representan cantidades ingentes de energía codificada en nuestro interior, en nuestro vehículo emocional, y están esperando a ser resueltas en cada interacción que la vida nos regala con la esperanza de que la aprovechemos y continuemos hacia adelante sin lastres.

¿Con cuantas personas interactúas cada día? ¿Cuántas veces dejas pasar la ocasión de perdonar y de liberarte de las cargas tomando conciencia de que los sucesos pasados pertenecen a un tiempo distinto, a un tiempo en el que necesitabas la experiencia de ser golpeado?

Otro tipo de interacción en la que se puede buscar la resolución perfecta de una ecuación de un modo más sencillo es aquella en la que nuestra realidad nos enfrenta con una persona “nueva”, de la que no tenemos un aparente recuerdo… (Si no tuviéramos recuerdo no estaría allí, pero esta es otra historia), por ejemplo, alguien nos pide dinero por la calle: puede pasar que decida darle algo, o puede que decida no dárselo. Independientemente del resultado de nuestra decisión, ya que ambas son correctas, debemos pasar a investigar los motivos de esta reacción.

En el caso de la decisión de dar la limosna escrutaríamos nuestra mente en busca de por ejemplo: sentimientos de superioridad (el fracaso de una persona ratifica nuestro éxito), culpabilidad (dar limosna a los pobres suaviza nuestros pecados), búsqueda de especialismo ( dar limosna me hace tener una buena imagen social), miedos, roles de salvador… etc.

En el caso que decidamos no dar… escrutemos… carencias, orgullo, desprecio, inseguridad, resentimientos, egoísmo…etc. Todas estas actitudes asociadas, tanto en un caso como en el otro no hacen más que sobrecargar nuestro ser con asuntos inconclusos, con actitudes (redes neuronales) de las que no somos totalmente conscientes y que por lo tanto limitan enormemente nuestra libertad a la hora de tomar una decisión y ejecutar una acción, son condicionantes de nuestro caminar por la existencia, y solo nos perjudican a nosotros. Dicen los antiguos sabios que el perdón solo libera al que perdona, no al perdonado, pues la conciencia hace igual, libera de la esclavitud a la inconsciencia y a la fragmentación, porque eso es lo que nos pasa cuando tomamos decisiones basadas en nuestra inconsciencia, nos fragmentamos, y llenamos nuestra burbuja de ecuaciones imperfectas depositarias de nuestra propia energía que quedarán a la espera de que la vida nos otorgue el regalo de repetir la experiencia con la esperanza de que en esta ocasión nos sepamos ver a nosotros mismos y recuperemos nuestra integridad y de paso nuestro potencial creador… y es que no olvidemos que nuestra energía no es ilimitada, y que a medida que desarrollamos ecuaciones inconclusas ¿Karma? ésta queda atrapada en las mismas, mermando nuestra capacidad de crear.

Hay un tipo humano que decide ir transitando por la vida de un modo inconsciente, despreocupado, sin querer aceptar que sus actos le condicionarán, y llegan éstos a un punto en el que toda su burbuja está llena de asuntos inconclusos, y por lo tanto toda su realidad le refleja conflictos.

No hay ningún Dios castigador, tan solo un humano que no sabe manejar la máquina (cerebro) que le fue regalada al nacer y que necesita un urgente cursillo de matemáticas prácticas.

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